Yom HaShoa 2020

Si pude aguantar 2 años en Auschwitz, puedo aguantar varias semanas encerrado en mi casa sin salir. Pero por favor, llámame que no tengo con quien hablar…”


Esta frase me la dijo por teléfono Dov, un sobreviviente del Holocausto de 93 años que vive en la ciudad de Herzlia. Lo llamé para preguntarle si necesitaba algo (comida o medicamentos) en esta época dónde estamos viviendo una nueva era. La de aprender a quedarnos en casa, la de entender cuales son nuestras verdaderas necesidades, dónde cambiamos el auto, los eventos sociales y nuestras mejores prendas, por ropa cómoda, comida casera y mucho (sí, muchísimo) tiempo con nuestros hijos o con nosotros mismos, tarea nada de fácil.


Parte de mi trabajo en la ONG israelí “Fundación por el Bienestar de los Sobrevivientes del Holocausto”, es justamente eso, velar por su bienestar y asegurarme de que no les falte nada. En épocas normales puede ser una visita, frazadas, estufas, uno que otro arreglo en su casa, visitas al dentista o anteojos. Hoy esa rutina también cambió sus prioridades y nos aseguramos que tengan suficiente comida o medicamentos.


En épocas en que una conmemoración anual se encuentra con una situación mundial muy diferente a la de siempre, como lo es Yom Hashoa, ¿qué se puede escribir sobre esto? ¿Otro testimonio? ¿palabras sobre la memoria? ¿sobre el antisemitismo hoy en día? Aquellos que se han convertido en la columna vertebral de la sociedad, los adultos mayores y especialmente aquellos que son sobrevivientes del Holocausto hoy se enfrentan a otro peligro, pero el de su salud. Ellos mismos saben muy bien que salir de la casa hoy no es conveniente, y no tienen problemas en volver a encerrarse, por su bien. El fantasma del escondite vuelve a sus vidas, a cortar el contacto con el exterior. A pesar de que saben que la situación no es la misma, son conscientes de que hay que hacerlo y que si sobrevivieron a los nazis, también lo harán al Coronavirus.


Pero esta vez no están solos. Estamos nosotros, los que trabajamos para que nunca les falte nada, ni comida, ni medicamentos. Tenemos cientos de voluntarios que con mascarilla y guantes, están dispuestos a recorrer supermercados, farmacias y llevarlos a la puerta de su casa. Otros cientos que están horas al teléfono para que al menos tengan con quien hablar un par de veces por semana. Porque la soledad es triste. La conciencia de no poder recibir visitas o no salir para cuidar su salud a veces se empaña con el silencio.


Este Yom Hashoa, la conmemoración viene diferente, adaptada a los nuevos tiempos. No hay encuentros para escuchar testimonios ni visitas para entregarles flores. Hay realidad virtual para los que pueden y saben como usarla, hay testimonios por zoom y llamados telefónicos para subir el ánimo. No van a estar con nosotros para siempre, y esta época llena de resignificaciones tiene que ir de la mano con resignificar fechas como esta. Conservar la memoria a través de los que sobrevivieron, y lo haremos así, cuidándolos.

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